Leyendo a Charles Handy, me encuentro con un pasaje que vale la pena. Al leerlo, uno podría pensar que Handy es un materialista, pero al contrario; es tan humanista que incluso hace que Drucker parezca un frío neoliberal. El título del libro de donde viene esta cita lo dice todo: The Hungry Spirit. Éste es el pasaje:
Cuando acabaron la secundaria, les dije esto a mis hijos: "Sólo si sabéis hacer algo por lo que la gente esté dispuesta a pagar vais a ser empleables en el futuro". Pero para ello hace falta confianza en sí mismo, alguna competencia que se pueda vender y las mejores habilidades sociales posibles. No es nada fácil vender los productos o servicios de uno mismo. Debería estar garantizado que todos los jóvenes, al abandonar los estudios, dispongan de estos tres componentes para su futura supervivencia, puesto que son los pilares sobre los que se construye la propia identidad. Si los chicos acaban su educación sin ellos, la culpa es de la escuela.
No hace falta que lo complique con elaboraciones porque habla por sí mismo, pero no puedo evitar hacer un comentario. Dice que la culpa es de la escuela en particular, no de la escuela como concepto (the school, y no school). O sea, que el culpable tendría nombres y apellidos; no sigo para no buscarme enemigos, pero me parece una de las ideas más estimulantes sobre la educación que leído en bastante tiempo, con lo que nos gusta quejarnos del sistema, de ellos, de los politicos, de los malos de siempre. Handy se merece un reconocimiento mayor del que tiene aquí...

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